
Aproximadamente a las 15:00, el sonido de las sirenas dio la alerta y enseguida, el humo negro comenzó a manchar el cielo de Ibarra: venía de la Loma de Guayabillas.
Ese humo se podía observar desde toda la ciudad y la expresión en los rostros de los moradores del sector, que de a poco comenzaban a salir a la calle para ser testigos del suceso, reflejaba la magnitud del incendio.
Las motobombas del Cuerpo de Bomberos estaban estacionadas dentro de uno de los condominios, uno de los más cercanos al primer foco de incendio.
Presurosos calibraban las mangueras y alistaban las bombas para continuar con la labor. Alrededor de las 16:00, el sector más cercano a esas viviendas lucía carbonizado, pero ya sin llamas. El fuego se había extendido hacia la parte superior de la montaña.
Personal del Cuerpo de Bomberos junto a algunos voluntarios del sector luchaban con agua y palas por controlar el flagelo, que tenía la apariencia de incontrolable.
“Los niños estaban jugando ahí en la cancha, cuando vieron a un grupo de cuatro chicos, adolescentes parecían, que andaban en bicicleta. Arrojaron algo al bosque y comenzó el incendio”. Así relató una de las moradoras de dicho conjunto habitacional sobre las posibles causas del inicio del incendio.
Esa versión fue corroborada, aunque no de manera oficial, por uno de los bomberos que, durante el ajetreo de movilizar las mangueras y el agua, atinó a decir: “¿Usted es de la prensa?... Esto fue provocado, son unos chicos los que parece que andan incendiando.
Andan en bicicleta. No ve, ya se encendió un segundo incendio más allá”. Dicho esto continuó con su labor visiblemente contrariado por la situación.
Efectivamente, mientras las llamas del primer incendio se extendían loma arriba, un segundo foco de llamas tomaba fuerza en la misma loma, a una distancia no tan extensa del primero
En ese momento, dos motobombas salieron en precipitada carrera para identificar el nuevo sector que estaba siendo afectado. Llegaron y algunos bomberos trataron de ayudar a palear el flagelo desde ese sector. Sin embargo, no encontraron un lugar para ubicar las motobombas y decidieron ir hacia la parte de arriba de la loma, para buscar un mejor ángulo desde donde terminar con las llamas.
El sonido de la flora del bosque, bastante seca por cierto, se mezclaba con la alarma de los vecinos que buscaban formas de subir para evitar que el fuego siga ganando territorio.
Al ver que los bomberos cambiaban de estrategia y de lugar, se organizaron para armar una cadena humana, con el fin de transportar baldes de agua y apoyar con el trabajo.
En ese caso, las llamas se habían acercado demasiado a una de las viviendas (foto). “Hagamos una cadena, consigan ramas”, “colaboremos, no solo nos paremos a mirar…”.
Al escuchar esas palabras que surgían de los que estaban ya en la montaña, unos cuantos subieron y se organizaron para continuar con las labores.
Entre el ir y venir de los bomberos, se consultó a uno de ellos sobre el número de hectáreas que se habrían consumido. Calculando, fácilmente pueden ser unas 20 hectáreas”.
Luego se confirmó que se había controlado el flagelo, alrededor de las
18:00 y que el daño ascendería a 30 hectáreas. También se confirmó que el refugio de animales no se vio afectado.
Para hoy se espera el balance total de daño. (RE)
Atención de la Emergencia
° Bomberos de Antonio Ante, Otavalo, Urcuquí , Pimampiro y Cotacachi
llegaron hasta el lugar para brindar apoyo a los de Ibarra. El Comité de Operaciones de Emergencia (COE) se activó y también acudieron hasta el lugar para controlar el flagelo. Esto con el apoyo de miembros del Ejército y hasta un helicóptero de la Policía Nacional.