Un vestido de tonalidad fosforescente fue el atuendo escogido para cumplir con su agenda matutina, la penúltima oficialmente como ‘soberana’ de Ibarra.

Daniela Espinoza, actual reina de la ciudad, llegó a las instalaciones de Diario La Hora cerca de la hora pautada. Con gracias y predisposición saluda y se dispone a conversar. El tema: un año portando la corona, que mañana por la noche será entregada a la nueva representante de los ibarreños.

Un año de reinado: ¿qué experiencia deja en su vida? –Es el primer cuestionamiento del entrevistador-.

“Bueno, el tiempo pasa volando”. Es su respuesta instantánea, mientras hace memoria y escoge, al parecer, los mejores recuerdos de todo lo que ha significado portar la corona durante los últimos 365 días.

“Es un año lleno de experiencias inolvidables, que voy a llevar en mi corazón toda la vida –continúa la soberana saliente-. Como comentaba con mis papás, es una experiencia que voy a poder transmitir de generación en generación: a mis hijos, nietos, bisnietos y en adelante: a todos. Esta experiencia me ha ayudado a crecer aún más como persona y ahora me siento 100% ibarreña (…). Me siento satisfecha, realizada, por haber contribuido con mi granito de arena para que esta ciudad, al que me vio nacer, sea cada vez mejor”.

-Hablamos de experiencias, nos puede narrar alguna de las que más se han guardado en su memoria-

“La primera vez que visité a la fundación de niños con cáncer estaban celebrando el cumpleaños de todos. Apenas entré se me acercó un niño de descendencia afroecuatoriana y me abrazó…” –La nostalgia es evidente en Daniela y la sensibilidad salta a flor de piel. De a poco, su ojos se comenzaron a nublar y la voz se quebró mientras narraba este recuerdo-

“A mí se me iban las lágrimas porque es muy duro ver a un niño de 7 años luchar contra la muerte. Me abrazó y en adelante todo hacía conmigo: no quería comer si yo no le daba o jugaba conmigo a los carritos o a cualquier cosa que se le ocurría en ese momento. Es una experiencia que queda y quedará grabado en mí. Dejé un gran pedazo de mi corazón con ese niño y con todos los niños de la fundación”.

-La experiencia que narra, según las palabras de la ‘soberana’ saliente, no se limita a haber observado, vivido el momento y pasado. Sacó su reflexión-. “Creo que es una experiencia que te marca la vida y que te permite crecer con una visión diferente por el resto de tu vida. Me parece que todas las personas vivimos en una burbuja y compartimos cosas con familiares, amigos, vecinos, gente cercana, pero nunca nos damos la oportunidad de salir al exterior y realmente ver que hay gente que necesita y que puedes hacer algo. Hay gente que está sentada en las calles y que no tienen nada que comer, que no tiene familia, que vive en la lluvia, que duerme en las calles cubriéndose con un plástico. Esta experiencia me abrió los ojos a la realidad, que creo que es una realidad con la que todos los ibarreños podemos colaborar para que cambie”.

-Su tono de voz regresa a la normalidad, como en un principio y se prepara para responder la siguiente inquietud. ¿Cuál ha sido la parte menos agradable de este período?-

“El lado más feo, se podría decir, de este tiempo ha sido el no tener el apoyo necesario de mi corte de honor -(esta vez, la respuesta es en un tono serio, bastante diferente de su respuesta anterior)- de la señorita patronato y de la señorita confraternidad. La segunda renunció ni bien se le designó y la primera aceptó para la coronación y después creo que se le olvidó la responsabilidad tan grande que significa ser la señorita patronato de una ciudad. Eso fue lo feo, porque si bien logré hacer algunas obras sola, hubiéramos podido hacer más con el apoyo de las otras chicas. Mi mamá se convirtió en mi mano derecha y ella es quien debería llevar la banda de señorita patronato, porque me ha acompañado en todos los eventos”.

-¿Qué es una reina?-

“No es un ícono de belleza, porque la belleza física se acaba muy rápido, es pasajera. El reinado tiene un sentido de ayuda a la ciudad, de amor a la ciudad, de devolver con cariño y alegría lo que la ciudad te ha regalado. Una corona y una banda no son para lucirlas antes las cámaras. La corona es una carga de responsabilidad y la banda es mucho cariño a la ciudad”.

-¿Qué se necesita para ser una reina?

“Para se una reina se necesita ser en esencia lo que eres. Creo que Dios pone en cada persona cualidades diferentes y cada una es la encargada de explotarlas: sencillez, humildad, carisma, cariño a la ciudad, entusiasmo, saber regalar una sonrisa verdades, que en tus ojos vean que siente el cariño en cada obra…”. -La respuesta pareció bastante clara-.

-Ha sacado esos conceptos de las experiencias en este año, pero, ¿se puede decir que la belleza ayuda?-

“Sí. La belleza física tal vez te abre puertas, pero te complemente tu belleza espiritual e intelectual. Una mujer debe ser emprendedora, luchadora. Hemos visto que la mujer desempeña varios roles a la vez. La mujer política o ama de casa, la mujer trabajadora… Como mujeres debemos llevar en el corazón ese ánimo, esas ganas de luchar por demostrar que no solo somos un cuerpo y una cara bonita, sino que es un conjunto de virtudes”.

-La charla toma un giro: de la ‘soberana’ a la mujer detrás de la ‘soberana’. Daniela confiesa que, durante su niñez y adolescencia, si tuvo sus momentos en los que fue madrina o reina del colegio, pero que no lo consideró como un objetivo en la vida. Ella prefiere, o prefirió durante mucho tiempo, el estilo más bien informal.-

“Nunca me interesó mucho el tema, por eso no me inscribí desde que tuve 17 años, porque en realidad no me gusta desfilar, modelar o el traje de baño o que los tacos y el vestido. Siempre he sido una mujer deportista. Jugué tenis desde los 7 años hasta los 18 y a mí me veían con mis zapatos deportivos, con mis implementos deportivos, mi gorra, mi cabello suelto, cara lavada… natural. Sin embargo, una vez asumido el compromiso con la ciudad, aprendí a maquillarme, hasta ahora no aprendo, pero he cambiado en eso. Ahora uso tacos para eventos y así”.

-El tiempo es una de las complicaciones que tuvo que sortear en este tiempo. Estudiar en Quito y cumplir con sus obligaciones en Ibarra. ¿Cómo hacerlo?-

“Cuando empecé mi reinado me decían que no iba a poder hacerlo por las cuestiones de tiempo. Yo respondía que mientras estaba en la escuela y el colegio compartía mi tiempo con el deporte. Cuando jugaba torneos nacionales me ausentaba por varias semanas y llegaba a igualarme y salvar mi año. Creo que en cuerpo sano, mente sana y el deporte me ayudó mucho a mantenerme centrada, a madurar bastante y creo que eso me ayudó a organizar mis estudios y mi vida personal, mi tiempo (...). Un día es muy largo, tiene 24 horas y a mí la madrugada me sirvió, durante este año, para estudiar, porque yo viajaba tres veces a la semana de Quito a Ibarra y me regresaba el mismo día y ese rato me ponía a estudiar. Si dormí en este año unas 100 horas, es bastante, pero me siento satisfecha”.

-El diálogo llega a su fin. Daniela debía cumplir aún con sus actividades antes de entregar oficialmente la corona, hoy en horas de la noche. Sin embargo, aprovechó el último momento para dedicar unas palabras a su sucesora-.

“A la nueva reina, a la que gane, le digo que no se olvide que la belleza de la mujer está en el interior, que la mujer no es un icono de belleza. La mujer ibarreña y la reina de Ibarra debe ser una mujer que tenga las manos extendidas hacia las personas que más lo necesitan, que nos tatuemos en el corazón el sentido de ser ibarreñas, que llevemos en el corazón a la ciudad y que ese cariño, estoy segura, le va a ayudar a cumplir con sus metas y con Ibarra. (RE)