Batería, arpa, contrabajo, saxofón, flauta, piano, bongó, un colgador con forma de guitarra… Las gradas están decoradas con siluetas de notas musicales, teclas de instrumento y hasta un perfil del teclado de un piano. Es la casa de un músico.
Fernando Báez abre la puerta de su casa, saluda muy cordial, ingresa a su sala y se sienta. Está vestido completamente de color negro, es el que prefiere incluso en sus presentaciones, aunque comenta que no es el único. “Me gusta visitar tiendas góticas para ponerle un poco de suspenso o misticismo a las presentaciones”, comenta.
Como fondo musical se escucha un disco de jazz mientras empieza la conversación. Lo más actual es lo primero que menciona el pianista ibarreño de reconocida trayectoria nacional e internacional.
El viernes, a las 16:30, en el Teatro Imbabura de la Casa de la Cultura, será su presentación, una de las últimas de este año. El show será de tango, una de las grandes pasiones del artista. “El viernes vamos a ver el tango en su máxima expresión, tango hecho en Ibarra. Ronald Mosquera, ‘Coco’ Almeida, Sandra Albuja y Julio Miguel Andrade serán las voces. Nos acompañará un violinista de la Sinfónica Nacional. Un contrabajista que es profesor del Conservatorio, y otros profesores del Conservatorio se harán cargo del piano el momento en que yo pase al bandoneón. También parejas de baile, una de ellas estuvo presente en el Campeonato Mundial de Tango del año anterior en Argentina. Tenemos gente con calidad, profesionales de la música”.
Justamente el género escogido para la presentación es uno de los que más apasiona a Báez. La charla sigue y gira en torno al tema.
Su romance con el tango
“Cantar bailar o tocar el tango es una especialidad. Muchas veces hay gente que dice que el tango le da pereza, le pone triste o le despecha. A veces, esas personas se refieren a este género como nació: con una guitarra y un cantante. Obviamente ese tango es pesado para comprender y sus letras son muy crudas: dicen que el tango es macho, es brusco y nació en los arrabales. Después evoluciona y esa es la razón por la que el tango no es tan comprendido, sobre todo, musicalmente requiere de mucha armonía con las disonancias, así como el jazz: si no hay disonancias, tampoco hay jazz”.
Báez cierra su comentario sobre este género originario de la capital argentina, Buenos Aires, lanzando una mirada al reproductor de música en el que sigue sonando el disco de jazz de una banda del país Vasco.
Para llegar a este encuentro con el tango, la vida artística del pianista se inició muy temprano, según cuenta, a la edad de cinco años.
“El órgano fue mi primer ‘amor’. Mientras mis primos jugaban, yo prefería jugar con el órgano. Una tía política, Lucita, fue la que comenzó a enseñarme y luego mis padres se dieron cuenta de que me gustaba y comenzó todo. Ese órgano fue mi primer encuentro musical. Más tarde ya tuve los profesores particulares y más adelante cumplí el sueño de estudiar en el exterior”
Durante su tiempo como estudiante de música se enfocó más en lo clásico y ese, en un principio, era su sueño. Más tarde atravesó una época ‘rockera’ y pensó dedicarse a ese estilo. Sin embargo, poco tiempo después llegaría el new age y ahora se define como un músico de esa tendencia. Sin embargo, estudia de todo y entona de todo. Esto tiene una razón. “Cuando uno está en este negocio, cuando quiere vivir bien de la música, debes aprende a captar y procesar todo, porque si me hubiera quedado en ser el pianista clásico o new age, seguiría esperando que alguien me diga ven a tocar. Imparto clases, tengo mi estudio, hago arreglos, grabo discos y estoy explorando géneros que nos parecen distantes. Tengo composiciones de jazz, música clásica, música ecuatoriana, himnos…”.
En ese camino de descubrimiento llegó el tango como una curiosidad que buscaba identificar el sonido original del género que ahora lo apasiona.
“Comencé a entender mejor la música de todo tipo, empezando por la ecuatoriana, porque si en algún momento me dicen que prepare una revista o concierto yo no puedo cerrarme a decir que soy new age o clásico, porque con eso, incluso, a uno le comienzan a cotizar más. Luego viene el enamoramiento de esas músicas latinoamericana o las chinas, las árabes y por ahí también el tango (…). Como artistas estamos obligados a tener un repertorio amplio para llegar a más personas. Hace algunos años tocaba un tango y me daba cuenta de que no era tan tango, que estaba, de alguna manera, ecuatorianizado”.
La razón de ese sonido era el bandoneón. “Ese instrumento es la ‘voz’ de este género. Es como la guitarra eléctrica con distorsión en una banda de rock: sin ella no hay rock (…). Comencé a buscar el bandoneón y en ese tiempo, en 2008, fui becado por el Club Rotario de Chicago y fui a Argentina. Ahí cumplí el sueño de comprar mi bandoneón. Lo había tenido en mis manos, pero es tan ‘ilógica’ de alguna manera, la distribución de botones que si preguntaba dónde está la escala o qué hago, allá nadie ‘suelta el secreto’, por decirlo así”.
Pero no fue tan sencillo su aprendizaje. Las noches se convirtieron en su mejor aliado para practicar. “Como no puedes ver las notas que entonas, es como tocar a ciegas. En las noches practiqué a oscuras hasta que salió la primera canción. Luego los acoplamos a los amigos con los que hacemos tango y ahora incorporando a bajistas y contrabajista, como debe ser un tango. Actualmente no existe un grupo de tango que tenga un bandoneón. Tiene que venir un bandeonomista de Argentina o de otro lado para completar los grupos. Eso también nos ha abierto puertas”.
Desde el punto de vista musical, Báez dice que lo que más le ha impresionado del género es su complejidad, su riqueza musical, su versatilidad, su técnica. “Ahí uno comprende que hay que llegar a estudiarlo para entender y, sobre todo esta música y su instrumento principal, que es el que nos ‘golpea’. El tango me apasiona, me da estados de ánimo: puedo llorar a veces, o simplemente imaginar cómo en ese tiempo las orquestas eran una sana competencia en Buenos Aires, como era ese ambiente en que compartían dos o tres bandas en un mismo sector, en la década de 1940. Cómo evoluciona y cómo esos migrantes llegaron a fusionar tantas cosas. Pensar en historias y comprender ese dolor y cómo hombres y mujeres eran traicionados, cómo lo llevaban”.
La conversación llega a su fin, no sin antes ver al músico con su instrumento favorito, o uno de ellos: el bandoneón. Lo saca sutilmente, de alguna manera lo acaricia y lo entona. Es verdad, su sonido traslada, lleva a otra época, es algo no tan común y es parte de su diario vivir.
No es el único instrumento que toca. Mientras lo entona comenta que en sus presentaciones, al menos se ha presentado con 14 diferentes, pero eso será parte de otra historia. (RE)
Dato
El evento será el viernes a las 16:30 en el Teatro Imbabura de la Casa de la Cultura Núcleo Imbabura
La entrada es gratuita
Cifra
5 discos ha grabado Báez en su trayectoria musical: tres originales y dos cobres.
FRASE
“Soñaba en ser famoso y comprendí que era un camino largo de mucho esfuerzo y bastante estudio. Sigo en el camino”.
