TRABAJO. Carlos Marroquín durante la elaboración de calzado en su local.

Un pergamino que avala su trabajo durante 40 años se ubica a un costado de su local. Este sobresale entre sus accesorios de muestra pública en el lugar. Cada mañana, como de costumbre, don Carlos Marroquín alista su variada herramienta para cumplir con las obras encomendadas.


El hombre, que posee alrededor de 84 años de edad, todavía le da lucha a la vida para subsistir. Su apego de oficio a la zapatería fue a temprana edad. En sus inicios varios cursos tuvo que cumplir para obtener el título de artesano calificado y durante esa trayectoria se fue formando con la aplicación de otros talleres, como en relaciones humanas, para así emprender con su propio local, que en la actualidad se ubica en la carrera Simón Bolívar y Obispo Mosquera.


El hombre, que viste siempre elegante, con camisa, pantalón de gabardina…, alista su mandil para preparar los materiales y confeccionar a mano el calzado que le piden: zapato taco alto, bajo, botas de diferente altura…, que elabora a base de cuero. De esa forma ha sobresalido junto a Clemencia Portilla Puma, su compañera de toda la vida, y educado a sus dos hijos que ahora tienen su profesión.


“Lo que me pidan yo confecciono. Todo modelo de zapato. Yo soy un artesano profesional. Tengo esa satisfacción de servir a la sociedad, con lo cual llevo el pan de cada día a mi hogar”, enfatizó don Carlos.


Con el pasar de los años, las costumbres y la adquisición de un zapato hecho a mano se fue perdiendo, según menciona el artesano. “En este tiempo existen escasas personas que colaboran y gustan de un buen calzado elaborado a mano. A pesar de aquello, aún tengo mis clientes, a quienes les recibo el modelo, cojo la medida… Partes hago yo y partes doy al obrero, porque ahora solito yo no alcanzo”, acotó.


Resalta que en la actualidad está muy difícil la profesión, pero que nunca en otros períodos decayeron las ventas. Por eso también cumple el trabajo de lustrar calzado con tintas especiales tipo esmalte, más no con anilina, porque mancha las vastas de los pantalones y las medias, según dice. El costo por este servicio es de 1 dólar.


El valor para la fabricación de zapatos varía: “anteriormente las alumnas que desfilaban gallardamente necesitaban de las botas tipo bastoneras, ese modelo ahora bordearía los 70 dólares por la bastante utilización de materia prima (cuero), pero con lo que las autoridades educativas limitaron el uso, la venta también bajó”.


Un par de zapatos normal, que le durará cuatro años para caballero, está en los 60 dólares. “Para dama con taco, el costo sería de 40 dólares”, explica Marroquín.


El apego por el deporte


A parte de la dedicación de artesano en la zapatería, también fue parte de los grandes deportistas de ciclismo a la edad de los 16 años. Participó en torneos nacionales e internacionales, donde alcanzó galardones importantes en las competencias. Marroquín, en la década de los 70, fue dirigente de la Federación Deportiva de Imbabura. (APLA)


TOME NOTA
Son dos días que debe pasar para que los nuevos zapatos puedan ser entregados al cliente.

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