Daniel Ruiz y sus pasiones

Los humanos guardamos con fruición las vivencias que se producen en la niñez. Muchas de esas experiencias son escenas asombrosas, suelen estar matizadas por el misterio, acaso estimuladas por la incapacidad de descifrarlas o porque es un período en el que se forma el juicio. El paso de los años ensañan a comprender esos tanteos, es decir el tiempo es el maestro que descubre los enigmas, es el recurso que hace notar que las admiraciones de la infancia son gracias, que son curiosidades que pasan a ser celebrados contentamientos que nos acompañan por el resto de la vida.


Daniel Ruiz Trujillo es un artista ibarreño criado en el barrio Emelnorte, la música la siente a los cinco años cuando entendió su rededor. En ese tiempo sus familiares invitaban a músicos e instrumentistas para cumplir con celebraciones, o para aquietar la necesidad de disfrutar del arte. Fue cuando Daniel pudo mirar algunos instrumentos, aunque no pudo tocarlos ya que recibió la advertencia de no hacerlo. Fue tiempo de encontrar el sonido en los canutos de los carrizos y esbozar instrumentos que satisfacían sus requerimientos.


La guerra entre Ecuador y Perú en 1981 revitalizó el civismo en todos los ecuatorianos, no hubo persona que no hinchó su pecho al cantar ‘Paquisha’. Fue la época en que Daniel Ruiz era invitado a cantar por doquier esta célebre marcha. En la adolescencia y con el producto de su trabajo pudo comprar quenas, zampoñas e integrar agrupaciones que interpretaron las canciones de Inty Ilimany, Quilapayun o de los Kjarkas. En esos años asimiló la intencionalidad de las creaciones de Violeta Parra y Víctor Jara que le asentaron como militante del ideal socialista.


Su alineamiento musical deja las tendencias regulares de los artistas que se dedican a la música comercial, prefiriendo trabajar con la que tiene como fin educar al pueblo y soliviantar la búsqueda de sus derechos. Su madre en ese tiempo le obsequió la primera guitarra con la que integra un grupo folclórico, eran los primeros años de los 90 cuando presidió el Circulo Estudiantil del colegio Teodoro Gómez.


El paso de Ruiz por la Universidad Central instó a investigar instrumentos y los saberes musicales, aprendió a ejecutar el cuatro venezolano, el tiple, el saxo, la flauta traversa y otros instrumentos latinoamericanos que fueron útiles para en la actualidad tocar más de 35 instrumentos de viento, percusión y cuerdas.


La música y circunstancias políticas le han mantenido fuera del país por largas épocas, vivió en Alemania, EE.UU., Corea del Sur, China, Japón y Filipinas, en donde trabajó y asimiló el valor que tiene la música como hilo de conducción de los humanos. Ha tocado para personajes políticos y de la diplomacia. Le agrada el new age, canta e instrumenta canciones nacionales ecuatorianas, mexicanas, rock clásico, folclor, clásica y social. Tiene algunos CD inéditos con sus obras, sostiene como proyección dejar su huella como aporte a los cantares, la eufonía universal y de Dios.

 

POR: Germánico Solis

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