La motosierra puede ser mortal. Corta a gran velocidad, las vibraciones sacuden los huesos e impactan las articulaciones, y un rebote, ocasionaría graves lesiones a quien la maneja. Pero esos cortes, hacen de un tronco de madera una verdadera escultura, cargada de emociones, un mensaje y un concepto, que la convierten en una obra de arte.
Helena García, nació en Ibarra, y hace 25 años que es escultora, además es gestora cultural en Europa, siendo Alemania donde radica. Llegó a la blanca ciudad, para dejar su arte en el Segundo Simposio de Escultura de Madera con Motosierra por las fiestas de El Retorno, que se realizó en el parque La Merced, siendo la única mujer participante. Pero también regresó al país hace un año, tras cumplir diez años viviendo en el exterior, buscando cargarse de nueva energía, según comenta.
Al hablar sobre su visita a Ibarra, recuerda su infancia cuando en el mismo parque, corría y jugaba, y en el que hoy esculpe para conmemorar El Retorno.
La escultura en motosierra es una actividad que ha estado marcada por la participación de hombres, por lo que, el que una mujer participe, es visto como algo inusual, según Helena. “Pienso que las mujeres nos hemos destacado en todos las áreas. Venimos de un modelo patriarcal, es difícil ir rompiendo esos muros, más que a nivel físico, a nivel psicológico y emocional, es decir quitarnos los prejuicios que tenemos nosotras mismas, romper esos muros interiores, y seguir tomando los espacios como nuestros, como de todos en general”, sostiene.
Sobre la artista
Según cuenta Helena, empezó con la escultura en madera en 1991 con el taller Bernardo de Legarda, donde estudio imaginería colonial, el tallado en madera, el encarde, decoraciones y más. Con el tiempo, se fue al extranjero y se cruzaron las motosierras y los simposios de escultura monumental. “Entonces no tenía idea de cómo manejar una motosierra, me enfrenté a un ambiente más diverso, y se fueron abriendo esas puertas”.
En el 2009 fue la primera vez que esculpió con la motosierra. Un trabajo fuerte, que demanda concentración y cuidado, pues el manejar un implemento de esos es altamente peligroso.
Para sacar una pieza tiene que ver dónde irán los cortes, tener una maqueta o modelo previo y poder sacar la figura sin que se corte demás. Para una figura de dos metros, son siete días consecutivos mínimos para lograrlo. En este simposio, fueron cuatro, por lo que representó un trabajo duro, según dice.
A lo largo de su carrera ha realizado siete esculturas en motosierra, pero también trabaja desde 1998 en escultura monumental en piedra, y con cerámica y tallado en madera de figuras pequeñas. Según la artista, el vivir en el extranjero le ha permitido desarrollarse y al ser autodidacta el ir perfeccionando su arte. El participar en simposios, es similar al practicar un deporte extremo, sostiene, ya que demanda preparación y un tiempo para recuperarse y continuar.
“No aprendí en una academia, es la vida la que me ha ido enseñando. Los errores y aciertos, es decir, la experiencia es lo que me ha permitido llegar hasta aquí”, expresa al hablar de su trabajo.
La artista regresó hace un año al país y radica en Quito. El pasado simposio en Ibarra, fue su primera participación en la ciudad. Sus conceptos se centran en lo abstracto, “pienso que lo que nos rodea ya es figurativo, entonces creo que debo aportar con algo distinto”, precisa.
Además de artista escultora, Helena es gestora cultural. En Europa realiza varios eventos en los que incluye a artistas ecuatorianos a través de su propuesta ‘Artescena’. En este sentido, manifiesta que en el país falta valorar el trabajo artístico y con ello al artista, “aún falta formar públicos, formar a personas capaces de ver el arte como la esencia de la vida”. (CFDA)
TOME NOTA
En el 2014 Helena organizó un simposio internacional de escultura en Alemania, en donde participó otro escultor reconocido del Ecuador, José Antonio Cauja.
