RECONOCIMIENTO. El monumento del doctor Gabriel García Moreno, artífice de la reconstrucción de Ibarra, en la Esquina del Coco.

Luego del terremoto de agosto de 1868, el doctor Gabriel García Moreno fue designado Jefe Civil y Militar de la provincia de Imbabura. Estaba llamado para restablecer el orden y la disciplina de la provincia, además de ser un buen administrador de lo público.


El nombramiento fue efectuado el 22 de agosto de 1868 por Camilo Ponce, ministro del Interior en el Gobierno de Javier Espinosa, quien autorizaba a García Moreno a que se “proceda a dictar cuantas providencias juzgue necesarias para salvarla de su total ruina”. El nombramiento decía que “el Supremo Gobierno y la Nación exigen de usted este importante, humanitario y patriótico servicio y no dudo que aceptará la comisión que se le confía”.


Un día después, el 23 de agosto, García Moreno salió de Quito y el 24 arribó a Caranqui. Inmediatamente por la noche saludó a los sobrevivientes. Después del siniestro a la gente ya no le importaba la muerte sino sobrevivir. En improvisadas carpas yacían hombres, mujeres, niños y ancianos que no tenían nada y solo les quedaba llorar. Se convirtieron en seres desesperados por su situación. Muchos optaron por robar y otros por pedir caridad a los que más tenían. En ese entonces personas no gratas en la devastada Imbabura, robaban, violaban, y hasta mataban por conseguir lo que deseaban. Con látigo en mano, el nuevo Jefe Civil y Militar perseguía a sol y sombra a los bandidos y empezó la gestión de la reconstrucción.


García Moreno recorría las ciudades a cualquier hora del día donde solo habían escombros. Auxilió a los heridos y enterró a los muertos, además dirigía las obras básicas para los pueblos. Trataba de dar ánimo a los sobrevivientes para que improvisen casas y estos a su vez ayuden a los heridos y el entierro de las víctimas.


A pesar de la tragedia improvisó puestos de asistencia médica en Ibarra, Otavalo, Cotacachi y Atuntaqui. Hombres de Pimampiro y Urcuquí, zonas que no fueron afectadas por el terremoto, ayudaron a la construcción de las chozas, para hospitales y casas que García Moreno escogió para la ciudad provisional en reemplazo de Ibarra, que fue Santa María de La Esperanza. Bajo sus leyes, sus autoridades trabajaron para que Ibarra salga adelante. Los sobrevivientes levantaron el hospital y construían acueductos, y vías de acceso. Poniendo a prueba toda su inflexible dureza, personalmente se encargó de la reconstrucción y de la ayuda a los más necesitados.


Unos por el temor y otros por conveniencias se pusieron a su servicio. Quien no obedecía era perseguido y encarcelado, y aunque su servicio fue reconocido, su dureza había acabado con las libertades y con la dignidad humana.


El trazado de las nuevas calles se hizo de acuerdo a los planos del ingeniero Arturo Rogers en Ibarra, Otavalo, Cotacachi y Atuntaqui. De no haber sido por el dinamismo y carácter de García Moreno y de la comisión médica dirigida por Miguel Egas, Antonio Rivadeneira, Roberto Sierra, del Vicario de la Diócesis, doctor Francisco Pigatti, entre otros, la obra del restablecimiento de Imbabura no se hubiera hecho tan rápido. Los hombres trabajaron día y noche para que Imbabura renazca como el ave fénix y poco a poco se reincorpore a la producción agrícola, comercio, industria y la artesanía que fueron y siguen siendo el sostén de los imbabureños.


En honor al trabajo desarrollado por el doctor Gabriel García Moreno, a favor de los imbabureños, una de las calles de Ibarra lleva su nombre y un monumento con el trazado de las calles que permitió la constricción de la ciudad permanece en lo que hoy se conoce como la Esquina del Coco.

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